RADISH nació de una idea simple: que un frasco de encurtidos puede ser tan honesto, fresco y lleno de carácter como la comida de casa.
Todo empezó en la cocina, probando vinagres, especias y combinaciones hasta dar con ese punto donde lo ácido, lo dulce y lo crujiente se encuentran. No queríamos un producto más de góndola: queríamos frascos con nombre, con lote, con fecha escrita a mano.
Por eso cada encurtido de RADISH se prepara en pequeñas partidas. Compramos verduras frescas, las cortamos, las encurtimos y las dejamos reposar el tiempo que necesiten. Sin apuro industrial, sin atajos. El color intenso de la cebolla al vino o el naranjo vivo de la zanahoria no salen de un laboratorio: salen de la verdura.
Hoy llevamos esos sabores a dos rincones de Chile —la zona del Lago Villarrica (Pucón) y el litoral central (Puchuncaví–Zapallar)— convencidos de que las cosas hechas con tiempo y amor se notan en la mesa.



Verduras frescas y de temporada. Nada congelado, nada de polvo, sin colorantes artificiales.
Lote a lote, con paciencia. Cada frasco lleva su fecha y su historia escrita a mano.
Sin conservantes ni atajos. Solo sabor honesto, hecho con tiempo y dedicación.
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